La RAE define la palabra “atrevimiento” como “Tener valor para hacer algo” y ese “hacer” supone la pre-existencia de dificultades que se deben franquear. Es por ello que podemos decir que los ejemplos de "atrevimiento" en las mujeres del liceo Nº1 de Santiago, nunca han dejado indiferente a la historia de Chile.
Hace más de un siglo, una pequeña adolescente tomó la decisión de entrar a la universidad a estudiar medicina. En un tiempo donde las mujeres solo esperaban que un hombre las desposara, donde las familias trataban de concertar un matrimonio que fuera lo más beneficioso, económicamente hablando. En esos años, donde la mujer no tenía ni voz ni voto, donde la universidad estaba llena de intelectuales hombres, una mujer se atrevió a dar la prueba de ingreso a la universidad y, quedar para siempre, en la historia de Chile y Latinoamérica, como la primera mujer médico. Aquella mujer no venía de un colegio pagado; aquella mujer no venía de otro liceo público que podamos nombrar; aquella mujer se formó alrededor de estas paredes, aquella mujer, Eloísa Díaz, era una javierina.
Si nos remontamos a las décadas posteriores nos encontraremos con una realidad espeluznante. En Chile, antes de los ’90, los hijos se clasificaban en legítimos (reconocidos por el padre) e ilegítimos (no reconocidos). Esta clasificación que puede parecernos odiosa, existía en nuestro país desde que "Chile es Chile". Pero lo peor no es la clasificación, sino lo que esta realidad traía aparejada: la discriminación. A esos niños se les comenzaba a designar, desde muy temprano, con el sobrenombre de “huachos” y como si esto no fuera poco, el mismo Estado hacía diferencias, pues no recibían herencias, condenándolos a la miseria. Hasta el año ’90, todos esos chilenos cuando sacaban un certificado de nacimiento, el registro civil les hacía ver su condición: “Hijo ilegítimo”, decía tras su nombre. Pero esta realidad cambió bruscamente. El Presidente Aylwin llamó para el cargo de uno de sus ministerios a una abogada. Aquella mujer movilizó todo lo que tenía a su alcance para que esta realidad acabara y con una ley que igualaba en derechos tanto a hijos reconocidos como a no reconocidos, la historia de Chile nuevamente cambió. Hoy, tanto hijos nacidos dentro o fuera de la familia tienen los mismos derechos y eso no fue obra sino de una mujer que no venía colegio pagado; aquella mujer no venía de otro liceo público; aquella mujer se formó alrededor de estas paredes, aquella mujer, Soledad Alvear, era una javierina.
Pero ahí no acaba el relato. El atrevimiento de las mujeres del Liceo Nº1 no tiene precedentes en ningún otro liceo femenino del país y, por decir lo menos, llena las páginas de la historia de Chile; sobre todo, porque en el año 2006 llega a su cenit, cuando una mujer toma la decisión de competir por la primera magistratura. Para muchos una locura de proporciones. Un país tan conservador, ¿cómo elegiría a una mujer para ese cargo? Pero la historia sabe dar la razón a aquellas mujeres que confían en sus propias capacidades intelectuales. Aquella mujer que hizo la reforma previsional para mejorar la calidad de vida de las familias chilenas no había estudiado un colegio pagado; aquella mujer no venía de otro liceo público; aquella mujer se formó alrededor de estas paredes; aquella mujer, Michelle Bachelet, estudió en estos edificios que han resistido los más terribles terremotos, el Liceo Nº1 Javiera Carrera.
La palabra “atrevimiento”, creo firmemente, explica muy bien la tarea de una javierina: “Tener el valor para abrir las puertas de su futuro y los de una nación que la espera”.
(Fragmento discurso profesor D.H.)
